martes, 21 de octubre de 2014

El Momento de la Verdad

 
 

Cuando Tony regresó a Isla Paraíso, Cassandra lo recibió con una comida especial. Parecía feliz y extrañamente aliviada de que el estuviera de regreso de Champs Le Sims. ¿Acaso sospechaba algo? Era posible, ya que Cassandra no era ninguna tonta. Como fuera, Tony no podía seguir callando. Lo tenía decidido: le confesaría la verdad sobre sus andanzas en Francia, y sería aquella misma noche.


Durante la tarde, para despejarse Tony fue a bucear un rato, pero de regreso a casa lo sorprendió una fuerte tormenta, lo cual lo hizo retrasarse por muchas horas. En casa todos se preocuparon por esta tardanza. Su hijo mayor, Simon estuvo buscándolo en la playa y en los alrededores de la casa bote. Tony no aparecía por ningún lado.
 
 
 

Por la noche, cuando Simon volvió a casa, Tony ya estaba ahí como si nada, relajándose en la tina de hidromasaje. La supuesta desaparición de Tony no pasó de ser sólo un susto. Simon respiró aliviado y todos pudieron irse a descansar. La tranquilidad parecía haber vuelto a la casa de los Langeeraak-Steele. Pero era como esa aparente calma que precede a las tormentas.


Al menos así fue para Cassandra, pues más tarde, Tony reunió valor y durante un corto paseo por las cercanías a la casa-bote, le confesó lo sucedido en Champs Le Sims en los últimos meses. No fue una sorpresa para Cassandra, hacía tiempo que notaba extraño a Tony y casi estaba segura de qué se trataba. Aún así, la revelación fue tan fuerte y dolorosa que pidió tiempo a Tony para tomar una decisión al respecto. Se hallaba muy decepcionada, pero no quería que los problemas entre ella y Tony afectara a sus hijos, quienes al parecer no sospechaban nada.  

 

Mientras esperaba el veredicto de su esposa, Tony se dedicó de lleno al buceo y a la búsqueda de tesoros, cualquier cosa para ocupar su mente y no pensar en cuál sería la decisión de Cassandra. Incluso aprovechó el silencio que reinaba en la casa últimamente para continuar su libro de memorias, que tan abandonado había tenido. A veces entre tantas aventuras, olvidaba que también era escritor. Entre el torbellino de sus viajes, los acontecimientos en Francia había dejado por completo de escribir,  pero los problemas con Cassandra irónicamente le habían traído de vuelta la inspiración.


Los peligros de las profundidades y hasta un mar infestado de tiburones no le producían miedo al valiente Tony. Su único temor era la posibilidad de perder a Cassandra y con ella, quizás, a sus tres hijos. Eran muchos años juntos para perderlos así. Pero ¿en qué había estado pensando? ¿Cómo había podido ser tan tonto? Durante sus largas travesías en lancha, bajo el cielo tormentoso de Island Paradise, rogaba que Cassandra lo perdonara. Para Tony, ese perdón sería el tesoro más grande de su vida. Más grande aún que todos los tesoros encontrados en sus viajes por el mundo. Si lo encontraría o no, aún estaba por verse.

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